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Promesas sin cumplir
por Alejandro OviedoEn cierta ocasión, yo invité a almorzar a mi padre y él aceptó con gusto. Aproveché su visita a Tegucigalpa, ya que él vive en Estados Unidos, y como no crecí con él, cada vez que puedo, yo intento acercarme a él. A las 12:30 del mediodía, llegué a recogerlo tal como habíamos acordado; me abrió la puerta y para mi sorpresa, no estaba listo para salir. Cuando le recordé nuestro compromiso, me contestó que ya había almorzado y que no podía acompañarme porque estaba esperando a uno de sus mejores amigos para salir. Así las cosas, me limité a visitarlo por unos minutos. Honestamente, yo salí del lugar decepcionado y en todo el camino iba pensando por qué mi padre se había olvidado de nuestra cita, por qué había preferido salir con uno de sus amigos y no conmigo; eso me dolió mucho. Ya en casa, en el silencio de la noche, mientras meditaba en lo ocurrido, lo tomé como una lección que mi Padre Dios me estaba enseñando: Alejandro, muchas veces, tú has hecho lo mismo con tus propios hijos, los has dejado “plantados” por darle mayor importancia a otras personas o a tu agenda personal.
Muchos padres cometemos el error de prometer a los hijos, paseos, invitaciones y todo tipo de cosas, que no cumplimos. Como hijo, yo tuve que pasar por eso, sólo así pude entender lo decepcionante que es, cuando un padre no cumple sus promesas. En realidad, cuando un padre quiere agradar a sus hijos y les promete esto o aquello, en el corazón de ellos se crean expectativas, crecen ilusiones, se abona al sentido de importancia y toda la atención se enfoca en que papá nos dará de su tiempo. Así que, el no cumplir las promesas a los hijos derrumba sus expectativas e ilusiones y lastima su sentido de importancia.
“Promesas sin cumplir” es una mala escuela, porque programa hombres y mujeres que mienten, engañan, que son superficiales y que no cumplen sus compromisos.
¿Cómo se Hace? La Biblia nos dice en Eclesiastés 5:4-5: “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.” En el carácter de Dios, las promesas se toman muy en serio; nuestro Padre nos modela cómo se hace. En nuestra relación con los hijos, las promesas también deben ser tomadas en cuenta con mucha seriedad. Esta semana evalúe como anda en el tema de “Promesas sin cumplir” y a partir de hoy, esfuércese porque la lista llegue a cero.