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Resoluciones

por Alejandro Oviedo

La ciudad de Nínive era el lugar donde residían los reyes de Asiria. Esta era una gran ciudad, pero llegó a ser símbolo de opresión y crueldad. Es más, su maldad había crecido tremendamente, a tal punto que Dios decidió darle un ultimátum. El profeta Jonás fue convocado por Dios para ir a Nínive, a predicar un llamado al arrepentimiento. Pero Jonás estaba decidido a no hacerle caso a Dios. Él se fue al puerto de Jope y ahí tomó un barco que lo alejara de Nínive. Jonás se fue huyendo. Dios había llamado a Jonás a una tarea puntual, ya que él era un profeta, entonces, el Señor quería que fuera a cumplir una misión profética, es decir, predicar un mensaje que hiciera que los ninivitas se arrepintieran de sus malos caminos y se volvieran a Dios. La actitud de Jonás me hace pensar que algunas veces, los cristianos actuamos de la misma forma, aunque sabemos a qué hemos sido llamados, decidimos ir lo más lejos posible de esa misión. "Hacer discípulos" es nuestro llamado (Mateo 28:19-20), lo cual tiene implícito hacer la voluntad de Dios, vivir bajo el señorío de Cristo y caminar bajo el control del Espíritu Santo.
Esto me obliga a preguntarme ¿cuál ha sido mi contribución a esa misión? ¿He estado enfocado en el llamado de Dios para mi vida? ¿Qué tanto he invertido en el propósito de Dios? ¿Será que sólo he dejado que el tiempo pase sin involucrarme?
Nuestras resoluciones muchas veces nos alejan de la voluntad de Dios, nos llevan en el rumbo opuesto y por ende pecamos, por cuanto no estamos obedeciendo la voz de Señor. Este es un buen momento para reflexionar sobre nuestra contribución a la Gran Comisión, si hemos estado haciendo discípulos sigamos adelante, pero si no, entonces tenemos un problema que resolver con el Señor, por cuanto no hemos estado cumpliendo nuestra misión. ¿Cómo se Hace? Lea en el libro de Jonás, el capítulo 1, y entérese qué pasó con Jonás debido a su desobediencia. Usted descubrirá, entre otras cosas, que nuestras resoluciones afectan a otras personas. Aplique esto a su familia, su empresa, su vecindario, su gremio, su ciudad y hasta su país. Y aunque parezca exagerado, así de poderosas son nuestras resoluciones. El que hace la voluntad de Dios está contribuyendo y el que decide desobedecer al Señor, acarrea condenación y afectará la vida de otros. Que nuestras resoluciones nos acerquen más a Dios.

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