Creatif
El trato de Dios
por Alejandro OviedoMe desperté a la 1:50 a.m. con un fuerte dolor abdominal. Imaginé que se trataba de una indigestión, así que tomé antiespasmódico y volví a la cama. A las 3:00 a.m., el dolor continuaba, es más, yo me sentía incómodo y no había mejorado. Volví al ataque y eché mano de otro analgésico. A eso de las 6:00 a.m. estaba peor, el dolor aumentó y tenía vómitos. Yo traté de convencerme a mí mismo que no era nada importante, que ya se me pasaría. A las 9:00 de la mañana, me examiné el abdomen sin misericordia y encontré fuertes sospechas de una apendicitis. En ese momento, sinceramente me preocupé porque con ese diagnóstico el único tratamiento posible es el acto quirúrgico. A las 3:00 p.m. fui a la clínica de un cirujano quien me examinó y confirmó mis sospechas. Luego de varios análisis fui ingresado en el hospital a las 5:30 p.m. y a las 8:30 de la noche fui llevado al quirófano donde me practicaron una apendicectomía. A las 10:30 p.m. estaba de regreso en el cuarto de hospital. Todo había pasado en menos de 24 horas.
Este episodio en mi vida me ha dejado profundas enseñanzas acerca del trato de Dios en la vida de sus hijos y deseo compartirlas con el ánimo de que usted eche mano de ellas y las aplique a su propia situación:
1. Dios no necesita pedir permiso para tratar con sus hijos. Estoy convencido que Dios no pide nuestro consentimiento para actuar sobre nosotros porque sabe de antemano qué diremos. Si Dios me hubiera pedido permiso para practicarme la cirugía a la que fui sometido, hubiera dicho "AHORA NO, ESTOY MUY OCUPADO EN ESTOS DÍAS". Esa operación no estaba en mis planes, dudo que algún día hubiera estado, pero sí estaba en los planes de Dios. Después de la tormenta, he tenido tiempo para pensar, si esto me hubiera pasado lejos de mi hogar, sin el apoyo de mi esposa, si me hubiera ocurrido en otro país, sin el apoyo de mis amigos ¿qué hubiera sido de mí? Él sabe lo que está haciendo, así que, he aceptado de buena gana que este era el mejor momento para sufrir una apendicitis. Romanos 8:28.
2. Los días malos sirven para enfocarnos en Dios. Mi historia personal es un paseo en el parque de diversiones comparada con la historia del Apóstol Pablo, él sí tuvo muchos días difíciles, lo invito para que lea 2 Corintios 11:23-33, un pasaje en donde el Apóstol nos brinda una lista de todos los sufrimientos que padeció por causa de Cristo. ¿Cómo pudo aguantar tanto sin separarse de Cristo? Pablo estaba enfocado en Dios, no en sus malas circunstancias, no en los que lo perseguían, él no perdía el tiempo en preguntarse ¿por qué? Contrario a eso, él pudo decir "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!". Filipenses 4:4. En medio de las crisis debemos enfocarnos en Dios.
3. Como paciente hay que confiar ciegamente en el cirujano. Cuando fui llevado al quirófano, yo dependía de la pericia del médico y de sus ayudantes. ¿Qué más podía hacer? Esa es la actitud que debe privar en cada uno de nosotros cuando enfrentamos tiempos difíciles. Entendamos que no hay otra forma de salir victoriosos si no es dejándonos caer en las manos del Señor y depender sólo de Él. Entonces, que nuestras decisiones no estorben los planes de Dios.
4. La ley de la poda. ¿Qué razón tiene podar las plantas? No se necesita ser experto para saber que si uno poda una planta la estimulará para que dé más fruto. En la vida práctica, algunas veces el trato de Dios significa que tenemos que perder algo para poder ganar. Perdí un órgano pero gané salud. Detrás de una aparente pérdida puede estar escondida una gran bendición.
¿Cómo se Hace? Si está pasando días duros, ¿no será que es parte del trato de Dios para usted? Lo peor que podemos hacer en tales circunstancias es quejarnos y arremeterla contra Dios. Esta semana repase estos cuatro puntos y aplíquelos a su vida, quizá encuentre algunas respuestas a lo que le está ocurriendo.